¿Nunca tienen esa impresión de que hay algo que todo el mundo sabe, excepto uno? A mi me pasa siempre cuando me detengo a leer los posters en la calle. Me es imposible, de hecho, pasar dos o tres de estos carteles sin que me asalte algún tipo de crisis existencial, desde planteos sobre la disonancia cognitiva de buscar la felicidad en bienes materiales hasta los problemas anatómicos implícitos en ratones que comen asado, pasando por preguntarme cómo es que la publicidad para hombres siempre tiene mujeres mientras que la publicidad para mujeres tiene… también mujeres.
¿Seré yo la única persona que no toma notas sobre su tránsito intestinal para saber si es o no regular? ¿Por qué le importa tanto a Julián Weich si mis medias están más o menos blancas? ¿Y qué le pasaba a un inmigrante alemán si no se ponían una fábrica de cerveza, lo deportaban? ¿Será que lo mismo pasaba con los japoneses que no se ponía una tintorería? ¿Realmente una mujer mal pintada, saltando y gritando, rodeada de hombres musculosos con pelo verde que juegan al voley ayuda a vender ropa de marca?
Teniendo esto en cuenta, no les sorprenderá en lo más mínimo saber que peor aún es mi situación con los carteles que hacen propaganda de algún tipo (recuerden: publicidad no es lo mismo que propaganda). La verdad es que siempre tengo en mi celular fotos de tal o cual cartel que no entiendo, pero en honor a la verdad casi siempre los carteles son de los mismos dos o tres partidos políticos que insisten en que para recuperar las Islas Malvinas sólo hace falta pedirlo amablemente, así que generalmente los termino ignorando. Tengo hoy, en cambio, dos carteles que me llamaron la atención por otras razones, que compartiré con ustedes en este preciso momento. El primero lo saque en la sede de un conocido club deportivo de Córdoba:

Pie: De 3 a 13 años - Lunes Miércoles Viernes
18 a 20hs..
De 14 años en adelante
Este cartel es, según yo lo interpreto, una forma educada de decirle a la gente que no venga al curso de cheerleader: la única forma de participar es aplicando física cuántica para estar simultáneamente en un estado en el cual uno (o una, para ser realistas) tiene 13 años y en otro donde tiene 14. Una especie de “porrista de Schröedinger”, por decirlo así. ¿Y qué se hace en el club los lunes, miércoles y viernes de 18 a 20? Probablemente nada - lo más seguro es que se sienten a preguntarle la edad a la gente que viene a averiguar, para luego decirle que la edad no le da para ese turno. Ya enviaremos a nuestro enviado especial, y les traeremos más información.
Pasamos al segundo poster:

A diferencia del anterior, este sí lo entendí de una, así que paso a explicarlo para quien no lo cace. Les pido que presten atención al policía en la imagen. Evidentemente, el oficial le está dando un masaje de espalda al otro tipo, ¡pero lo está haciendo mal!. Si se fijan, no está respetando la estructura de “T” típica de los masajes, y como resultado el tipo se va a ir de lo más campante hasta que ¡Zas! a la media hora vuelve el dolor de espalda. Eso es un abuso de la confianza depositada en un servidor público, y concuerdo con que todos debemos actuar sin demora para exigir un servicio público de calidad. Eso es, precisamente, lo que quiere decir el título: al centrarse en esa única parte de la espalda, se hace demasiada presión en ese punto. Ergo, la re-presión a la que hace referencia.
Nota: el autor de este artículo no se hace cargo de las tonterías vertidas en el mismo.