29/06/2010

Todos tenemos frases que consideramos importantes, ¿verdad? O sea, frases que repetimos sin darnos cuenta a cada rato, no porque sean del saber popular (”al que madruga, Dios lo ayuda“, por ejemplo) sino porque son cosas que reflejan nuestra forma de pensar. Hace poco, por una de esas casualidades que no viene al caso, me dí cuenta de que algunas de esas frases mías, frases que casi definen mi estilo de vida, no son frases obtenidas del Talmud, la Biblia, el Corán, los libros de Paulo Coelho, de Chocolate caliente para el alma o libros profundos por el estilo, sino de situaciones tan superficiales que casi da vergüenza.

Por supuesto, el hecho de que lo esté comentando aquí significa que no me da la suficiente vergüenza aún como para no convertirlo en un post, así que en una especie de pseudo-servicio a la comunidad les dejo tres que me vienen a la mente, aunque para serles honestos con las dos primeras basta y sobra:

Pusieron el sillón, y armaron la casa encima
Esta frase es, de lejos, la más conflictiva. Por un lado, es la frase a tener en cuenta cuando algo parece que no marcha. Por el otro lado, lo saqué de un programa sinónimo de la decadencia de la televisión, que no es otro que Gran Hermano. La situación es la siguiente: en una ocasión, por motivos que nunca pude ni me interesó establecer, estaban tratando de sacar un sillón al patio. Mientras peleaban porque la porquería no quería salir, se dio la siguiente conversación:

- Che, este sillón no pasa por esta puerta!
- No, si pusieron el sillón y armaron la casa encima…

No voy a discutir que la frase es una estupidez, pero si lo pensamos tiene algo de valor detrás: cada vez que quiero desarmar algo y no puedo, cuando ya estoy por darme por vencido, me digo a mí mismo, en ese mismo tono irónico, “seguro que pusieron esto acá y armaron el aparato encima“, lo cual me convence de que el que yo no esté encontrando la solución no significa que no exista una solución. Como consejo es bastante bueno, y más de una vez me ha convencido de no darme por vencido. Incluso la vez que tuve que desarmar una PC donde, efectivamente, habían puesto la lectora y remachado la CPU encima. Pero esa es otra historia.
(Nota: aunque supongo que nadie va a creerme, ese es uno de los 3 únicos programas de Gran Hermano que ví en mi vida. En todo caso, la próxima vez que piensen que en este blog no tenemos en cuenta a nuestros lectores, tomen en consideración que estoy arruinando mi imagen pública para traerles un consejo a su vida…)
A veces hay que borrar la cabra
Este es un consejo que viene del sitio que hoy es Dibujando, aunque no pude encontrar la cita exacta. La frase original era algo así: “En ocasiones, cuando has terminado de dibujar tu bonita cabra, con todas las proporciones correctas y todos los detalles listos, te das cuenta de que no encaja bien en la composición. En estos casos, la única solución es tomar el borrador, borrar tu hermosa cabra y volverla a dibujar, esta vez donde corresponde“, que es una buena forma de decir que, en ocasiones, sin importar el esfuerzo que hayamos dedicado a algo, la mejor solución es, en verdad, borrar todo y volver a empezar (particularmente útil, por ejemplo, si estamos levantando una casa y nos damos cuenta de que pusimos mal una pared, o si estamos tejiendo y tenemos que deshacer 5 metros de tejido).
Si alguien puede, ¿por que yo no?
Esta frase es propia, pero se deriva de otra que saqué del comic Spawn - Batman, cuando todavía coleccionaba comics norteamericanos, y que dice algo así como “espero que el esclavo chino que lo construyó supiera lo que hacía“, que yo adapté a “Si un chino pudo hacerlo por 1 dólar al día, yo también puedo” y que, en público, se limita a “Yo también puedo“. Ya sea que usen mi variante o la políticamente correcta, el mensaje es el mismo: se puede, y yo puedo hacerlo. Si alguien hizo antes lo que yo estoy tratando de hacer, es señal de que se puede y de que lo único que hace falta es ponerle un poco más de ganas.

Seguramente a ustedes estas palabras les parezcan una estupidez, pero creo que los conceptos detrás de cada una no están de más.

Habiendo cubierto nuestra cuota de temas trascendentales del mes, volvemos a nuestra programación habitual.

29/04/2010

Si bien los memoriosos recordarán que ya he hablado en su momento acerca de la utilidad del poncho, o mas bien de la falta de la misma, creo que este es un tema de gran importancia que merece ser revisado. En particular, desde un punto de vista masculino, pero sobre ello ya voy a explayarme aún más, porque primero quiero hablar sobre la gran deficiencia vestimental de nuestra época: la desaparición del sombrero.

Es difícil saber qué le paso al sombrero. Por varios cientos de años, llegando incluso hasta la época de nuestros abuelos, no era raro que el sombrero fuera indispensable al momento de demostrar elegancia. Y mejor aún, si uno realmente usaba el sombrero para lo que fue pensado (léase: cubrirlo del sol y la lluvia), el aspecto gastado del mismo le daba a uno un cierto aire aventurero. Quiero decir, más allá de tantas palabras, ¿quién no tuvo alguna vez como ídolo a alguno de estos?

Hombres con sombrero

Los de las fotos, más allá de la (supuesta) época y personalidad de cada uno, comparten algo en común: son hombres. Hoy, en cambio, el sombrero ha quedado relegado a lugares como estos:

Personas con otros sombreros

Al dejar de lado el sombrero, los hombres hemos perdido tal vez la prenda qué mejor nos definía como tales. El sombrero, más allá de las palabras y el físico (especialmente el físico), nos revela tal cuales somos. Dime con quien andas, y te diré qué sombrero usas, por así decirlo.

Todo esto no es otra cosa que una gran introducción para el tema central de este artículo: el poncho y su extensión natural, la capa.

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05/04/2010

Creo que he comentado ya en varias ocasiones que no me gusta hablar sobre los posts de otras personas, principalmente porque si hay algo que me revienta por las mañanas es ver la misma noticia una y otra vez en cada blog de mi lector de noticias. Hoy, sin embargo, voy a hacer una excepción porque creo que vale la pena.

En primer lugar, tengo que anunciar oficialmente que dos de los que fueran mis blogs preferidos, Coding Horror y Joel on Software, los primeros blogs que agregué a mi lector RSS, desaparecieron hoy de mi lista de sitios a revisar. Es una lástima ver cómo sitios que fueron alguna vez tan interesantes hoy se hayan reducido a un post quincenal dedicado exclusivamente a felicitarse a sí mismos (algo muy similar a lo que hacemos nosotros), pero después de ver a Jeff Atwood y Joel Spolsky (autores a quienes he recomendado durante años por saber la diferencia entre la teoría y la implementación) dedicados a hablar sobre múltples monitores, benchmarks, publicidad descarada de sus productos o de libros que sólo ellos conocen, me veo obligada a reconocer que ambos han saltado el tiburón y seguir mi camino por otros pastos.

En segundo lugar, no puedo dejar pasar este artículo de Gizmodo en respuesta a este otro artículo de Cory Doctorow sobre el nuevo iPad. Permítanme primero aclararlo: no me gusta Cory Doctorow. Hubo un tiempo en el que seguía fielmente sus artículos en Boing Boing, pero eventualmente me cansé de sus habituales tiradas sobre todo lo que fuera mínimamente comercial y me fui. Ahora, las palabras de Doctorow sobre el iPad me parecen genialmente acertadas resaltando cómo Apple, la empresa que se fundó en un garage, la empresa que vendía sus equipos con planos de los circuitos integrados que los componían, hoy se dedique a vender aparatos sobre los cuales ellos, y sólo ellos, tiene el poder de decidir qué puede instalarse y qué no. Y precisamente por eso es que encuentro el artículo de Gizmodo tan ridículo, tan cerrado, tan orientado a promover un pensamiento de oveja en el rebaño, que no puedo dejar de recomendarlo. Particularmente, estas líneas:

No me gusta el DRM. Creo que es un juego de tontos. No prefiero un ecosistema cerrado para aplicaciones sin una forma de salirme del jardín. No me gusta que sea ilegal instalar un sistema operativo en un iPad.
Hay asuntos legales. Asuntos que deberían ser arreglados por una legislación y jueces. (…) ¿Pero sabes qué no va a cambiar estas cosas? Negarse a comprar un iPad.

¿De verdad? ¿Realmente puede esta persona creer que la única solución contra un producto que atenta contra nuestros derechos como consumidor y, peor aún, contra las ganas de crear e inventar, es resignarse a esperar a que la ley cambie y comprarlo de todos modos? Wow, simplemente wow.

Por último, si todo esto les resulta demasiado tedioso, les sugiero relajarse dando una vuelta por My life is Twilight, un sitio exclusivo para que los fanáticos de la… em… discutida saga Twilight nos cuenten sus experiencias diarias relacionadas con la serie.

Nota del administrador: Notar que ese último enlace, al igual que ocurre con Yahoo! Respuestas, hace que uno pierda su fe en las posibilidades de supervivencia de la raza humana. Si se siente medio deprimido, o ha estado considerando la posibilidad de saltar por su ventana, no entre al sitio. Gracias por su tiempo.

15/02/2010

Después de una semana hilando un poco distintas noticias, este artículo en Infonegocios me dió la punta del ovillo por dónde arrancar. El artículo, para los que no tengan paciencia, comenta cómo una persona común y corriente trató de comprar un Amazon Kindle, que es en esencia un aparato para leer libros (e-books, que le dicen). Comenta este buen hombre que un aparato que cuesta U$S 259 en su lugar de origen aquí, en Argentina, le habría costado (antes de desistir y regalárselo a la aduana) un “plus” de U$S 410 en concepto de impuestos.

Comenta alguien en esta nota: “Respeto tu opinión. Nadie dice que no hay que pagar impuestos ni contrabandear“. A esto yo quiero agregar: nadie lo dice simplemente porque yo no pude darme de alta, pero lo digo acá y ahora. Pagar 400 dólares por algo que cuesta 260 no sólo es una estupidez. También es injusto. Hay razones por las cuales “legal” y “justo” no son sinónimos, y este es un ejemplo perfecto del por qué.

Pero esta es sólo la primera parte. Supongamos que, por algún tipo de magia, una consiguiera uno de estos cosos a un precio razonable, y decide comprarse un libro vía internet (supuestamente, el feature estrella del aparato). Una saca la tarjeta, paga lo que Amazon pide y se descarga un archivo. La lógica indica que una es, de ahí en más, dueña de una copia de ese libro, ¿verdad? Curiosamente, y gracias a algo llamado DRM, la respuesta es “no”. El DRM es un sistema que, dependiendo del vendedor, impide ver el libro en otro aparato, prestarlo o copiarlo a un dispositivo de backup. Incluso, llegado el caso, Amazon puede borrar de mi aparato el libro que yo compré simplemente porque se les da la gana. Un ejemplo concreto, tomado de los foros de Slashdot:

Soy el orgulloso dueño de más de 300 dólares de bits inútiles. Están encriptados con un dispositivo de hardware que mordió el polvo el año pasado. En teoría, esto no debería ser problema, dado que los libros y los registros de Gemstar de mi propiedad siguen en los servidores. Todo lo que tengo que hacer es comprar un nuevo dispositivo, llamar al servicio al cliente de Gemstar, pedirles que recodifiquen mis libros con el nuevo número de serie, y volver a descargarlos. Excepto que Gemstar (ya) no existe, el servicio al cliente de Gemstar no existe, y los servidores se apagaron hace mucho tiempo.

El DRM, pasito a pasito, se está metiendo en nuestras vidas: DVDs que funcionan en un país pero no en otro, música que no se puede pasar de un reproductor a otro, libros que no se pueden leer, reproductores de video que se niegan a aceptar nuestro televisor; y lo peor es que nadie parece darse cuenta.

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16/12/2009

Hace 32 años, en una época donde la película más taquillera del año tenía un poster como este,

Poster de Smokey and the Bandit

se estrenó una película de la 20th Century Fox por la cual nadie daba mucho - de hecho, la Fox debió amenazar a varios cines para que la exhibieran, y aún así fueron pocos los que la estrenaron. Esta película comenzaba de esta manera:

La escena, para aquellos que viven debajo de una roca adentro de un termo en una burbuja, no es otra que el comienzo de Star Wars, una de las películas más influyentes del siglo pasado (que viejo me siento…). Esta escena, en particular, no sólo superaba por mucho al bigote de Burt Reynolds, sino que sorprendió a los espectadores de modo tal que la película supo permanecer más de un año en cartelera.

¿A qué viene esta lección de historia? Siendo parte de la generación que vio Jurassic Park a los 9 años, crecí con la animación por computadora desde siempre, y me perdí un poco ese tiempo en el que era una pavada identificar qué era real y qué era una marioneta. Durante algún tiempo tuve esa duda dando vueltas en mi cabeza, hasta el día en que fui a ver, en una curiosa coincidencia cósmica, Star Wars - Episodio III al cine. La película, para los que no la hayan visto (obviamente, spoilers de aquí en más, aunque sobre los primeros 5 minutos así que capaz que no cuenta), comienza medio flojita, con una nave sobre un planeta cualquiera, pasan volando dos navecitas, dan un par de piruetas, nada nuevo. Y entonces pasa esto:

Obviamente, un video de Youtube no le hace justicia· Yo ví esta escena en una pantalla de cine enorme, con alta definición y sonido envolvente, y les aseguro que se me vino la boca al piso. Siempre calculé que, en cines que tal vez ya no existan, 30 años antes, multitud de jovenes se habrán sorprendido del mismo modo que yo, y encima con casi la misma película. De un modo u otro, con tantas películas y series del espacio dando vueltas, supongo que hacía falta George Lucas para traernos una verdadera guerra intergaláctica.

No se por qué traigo esto a cuento ahora. Probablemente tenga algo que ver con el inminente estreno de Avatar, la cual pienso ir a ver en 3D si fuera posible (y si está en idioma original, traducida no la veo ni a palos). Los efectos parecen estar muy buenos (bah, la película misma es un efecto largo), y la historia parece decente. Es evidente que la tecnología no falta, pero me pregunto cuánto habrá de creatividad. Sería bueno, creo yo, que ahora que ya podemos destruir la Casa Blanca con naves extraterrestres o la Torre Eiffel con meteoritos, ahora que ya nos dimos el gusto de arrojar camiones por el aire sin cuerdas ocultas, se usaran estos efectos para contar mejores historias, y no simplemente las mismas de siempre con más explosiones.

14/12/2009

En mi reciente viaje a Tucumán, en temporada baja (lo aclaro porque a lo mejor tiene algo que ver), me sorprendió no encontrar un sólo lugar que me vendiera una remera que dijera “Tucumán“, o para ser más precisos, me sorprendió encontrar un único lugar que vendiera, y encima con ilustraciones que no tenían nada que ver con la ciudad (dibujos mayas, para ser concretos). Lo que sí encontré, por toooooodos lados, fue venta de ponchos. Era imposible tirar una piedra sin pegarle a alguien que los vendiera.

En vista de tanta oferta, me puse a pensar un poco en qué utilidad tiene un poncho en el mundo moderno. La lista a la que llegué es la siguiente:

  • Adorno de pared
  • Adorno de placard (es decir, típica ropa que uno tiene en el placard para no sacar nunca - algo parecido a lo que ocurre con los tapados de piel)
  • Adorno
  • Disfraz para acto escolar - sirve tanto para disfrazarse de arriero como de gaucho o, si el tiempo apremia, de soldado del Ejército de los Andes
  • Ropa de gaucho - similar al caso anterior, pero requiere saber andar a caballo
  • Mantel para fiesta de lujo ante extranjeros incapaces de diferenciar una llama de un caballo, pero que quieren conocer la “verdadera Argentina gaucha” (pronunciado “gausha“)
  • Frazada pequeña
  • Elemento decorativo para utilizar y/o revolear en obras teatrales y/o musicales (nota: este punto sólo aplica si uno es Soledad Pastorutti)
  • Elemento ilustrativo para ubicar en una vidriera de un local donde se vendan ponchos

Como ven, “abrigo” no entra en la lista, simplemente porque cada persona a la que le pregunté en qué situación es socialmente aceptable utilizar un poncho me respondió “ninguna“, lo cual me lleva a la conclusión de que, en este preciso momento, hay miles de personas en el país que compraron un poncho con el único objetivo de guardarlo en el placard.

Debe haber algún uso extra para un poncho, ¿no? ¿O es que en realidad nadie se atreve a decirle a la industria nacional que los ponchos están out? Sea como sea, si alguien puede darme una buena excusa para ponerse un poncho en plena ciudad, me traigo uno de las vacaciones.

01/12/2009

Esta semana estuve analizando las distintas opciones en teléfonos celulares (no para mí, sino por encargo, dicho sea de paso - yo no puedo darme “lujos” como un celular que sirva para algo útil), llegando a un empate entre el Nokia N78, el N95 y el N85. Sin embargo, la comparativa se hizo difícil, porque a veces hay que empezar a hacer comparaciones para un mismo modelo. Tomemos, como ejemplo, el caso para el N95:

Legal
Nokia N95
Contrabando
Nokia N95
Hace llamadas Si Si
SMS Si Si
WiFi Si Si
GPS Si Si
Tiene una etiqueta azul Si No
Precio $3000 + $100 durante 18 meses $1500
Compañía telefónica Claro, Personal o Movistar Cualquiera del mundo
Permite cambiarse de compañía No Si
Le paga impuestos a la misma gente que encareció un 30% nuestras herramientas de trabajo para ganar votos, dinero que va a ir directo a su bolsillo Si No
Resulta más barato viajar hasta Paraguay, comprarlo y volver que comprarlo en el centro de mi ciudad, fomentando el turismo No Si
Me va a dar miedito pasarlo por la aduana No Los primeros 18 meses

Como pueden ver, no es una decisión fácil. ¿Ustedes que recomendarían en mi lugar?

23/11/2009

Perdón por la falta de posts últimamente, la verdad es que simplemente nos atacó una falta colectiva de ideas y no estamos seguros de qué escribir (tenemos un par de tutoriales en cola, pero no nos da el tiempo para completarlos).

Entre hoy y mañana, si todo sale bien, me comprometo al menos a postear una idea que puede llegar a resultarles interesante. Mientras tanto, y en contra de mi costumbre de no publicar cosas vistas en otro lado, les dejo un video (doble herejía, ya que tampoco me gusta postear nada que requiera Flash) que me resultó curiosamente entretenido: 4 horas en la vida de Charles, un niño de 9 meses.

Una de dos: o a este niño le dan café para el desayuno, o es una muy buena guía/advertencia para futuros padres que, como yo, ignoran la capacidad de estas cosas al momento de hacer desorden.

18/11/2009

Aquellos que vivan en Córdoba sabrán que hoy, por un paro de los choferes de la empresa de colectivos Tamse, unos 80 mil usuarios se quedaron a pie. ¿La razón? Aparentemente, la empresa no les está pagando a sus choferes lo que les corresponde en obra social y jubilación.

Esto, que no debe sorprender a nadie en la Argentina de hoy, tiene un detalle cuanto menos interesante: los directivos de la empresa argumentan que este problema es culpa de la provincia por no subir el precio del boleto. Dicho de otra manera: no es que ellos sean unos inútiles incapaces de mantener una empresa con un ingreso diario asegurado de 120 mil pesos, ni es responsabilidad de ellos aprender a manejar los fondos de una empresa, sino que es culpa de la provincia por no entregarles aún más plata (y eso teniendo en cuenta que no contamos los subsidios).

Inspirados en esta gran lección de economía, hoy le hemos informado a los 50 técnicos que sostienen nuestro sitio que nuestros ingresos en publicidad no son suficientes para pagarles el sueldo, pero que en vez de quejarse con nosotros le envíen sus protestas a Google, ya que esto es en definitiva su culpa por pagar tan poco por cada publicidad. Esto, por supuesto, no nos hace unos malos empresarios, y de hecho confiamos con que nuestros técnicos verán que tenemos toda la razón y seguirán desempeñándose con el profesionalismo esperado de alguien con su sueldo (asumiendo que se lo pagáramos, se entiende). Y ya que estamos, para asegurar la continuidad del servicio, vamos a contratar a otros 20 técnicos.

Si son de los que creen que nuestro esquema de gastar nuestros ingresos tan rápido como podamos nos va a llevar a una ruina total, entonces es evidente que no han estudiado tanto de economía como nosotros.

28/10/2009

Hace casi una semana que estoy diseñando un sistema en PHP. Decidida a hacerlo bien comencé por sentarme, buscar mi libro de UML, hacer el diagrama de casos de uso, los diagramas de clases, diseñé un modelo de varias capas, moví objetos para todos lados hasta que las inclusiones y la herencia tuvo sentido, armé un modelo de negocios (lo cual es todo un logro considerando que en mi carrera no se da modelo de negocios), hice interfaces para la base de datos (para que la interacción sea con objetos, no con consultas SQL), le puse esteroides al sistema de permisos para poder asignarlos por función en base a dependencia, usuario y/o rol… ¡hasta comenté el código!

Y ahora resulta que, como PHP no mantiene estado, cada vez que hago click en un botón los objetos vuelven al polvo del que vinieron.

Por supuesto, seguro que hay algún mecanismo o workaround para evitar que pase esto (estoy pensando en variables de sesión), pero para ser honesta pocas veces me he sentido tan estúpida como ahora. Es una suerte que no esté afiliada al Colegio de Informáticos, porque tendría que presentar mi renuncia por ineptitud.

Si alguno encuentra mi autoestima, creo que se escapó junto con mi optimismo. Si los encuentran por ahí diganles que si no quieren volver al menos me digan dónde dejaron la llave inglesa, que si no me ajusto las tuercas se me puede salir la cadena en cualquier momento.

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